El Arte del Tiro con Arco en los Juegos Olímpicos

Instalado en la final de los juegos olímpicos, tomó su arco y flecha y avanzó hacia el lugar de tiro. Cada paso, suave y lento, iba al ritmo de su calmo corazón. Era el favorito indiscutido a lograr la medalla de oro, e incluso, su cabizbajo rival, lo sabía. Su puntería, muy superior a la de sus contrincantes, lo hizo sentirse ganador desde la primera ronda de dieciséis arqueros. 

El Arte del Tiro con Arco en los Juegos Olímpicos
Entonces ¿Por qué no sentía ser el dueño del mundo como tanto había soñado? Donde debiera existir orgullo y complacencia, solo se encontraba un enorme vacío.

“El blanco al que debes acertar esta en tu interior, si solo buscas el blanco exterior, serás un simple artista del arco”. Las palabras de su viejo maestro japonés de arquería zen volvieron a su cabeza en tan importante momento. Nunca le intereso el aspecto espiritual de la arquería, solo hacerse un renombre como el mejor tirador.

“Tus pensamientos ambiciosos son un enjambre de moscas que te impiden ver”.

Fue en ese momento que lo comprendió… y disparó.

Obteniendo el menor puntaje, la flecha dio en el borde externo del blanco, atravesando una mosca que, para su templado tirador, valdría más que cualquier medalla olímpica.


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