El Xtabentún del Pueblo

—¿Podemos detener el colapso? —inquirió el monarca azteca, mientras contemplaba la ciudad desde la pirámide.

—Solo si encontramos algo lo suficientemente poderoso como para embrujar al pueblo, dejarán de pensar en la mala cosecha —respondió el noble consejero.

Sin duda, los dioses habían abandonado al grandioso pueblo de guerreros a su suerte. La alimentación era cada día más escasa y difícil de obtener de una tierra moribunda. Los sacrificios no lograban resultados y las guerras eran inútiles en un imperio que no conocía fronteras.

“Si no logramos una solución para este gran dilema —pensó el soberano— la rebelión hará rodar por los escalones mi divina cabeza”.

De pronto sus ojos brillaron con malicia y astucia.

—Conque algo para que dejen de pensar en la mala cosecha... —repitió mientras desde su palacio contemplaba a un grupo de hombres, quienes miraban, hipnotizados y con admiración, a sus guerreros mientras jugaban un partido de tlachtli, el juego de pelota mesoamericano.

El Xtabentún del Pueblo

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